El rincón de Jesús Blasco
La agricultura en el siglo XVI
27 de enero de 2026
Junto con la ganadería, la agricultura era el medio de vida más importante de los atecanos del siglo XVI. En el monte, las dehesas alternaban el bosque con los cultivos aprovechando para éstos las tierras más fondonas y propicias. El cereal o la vid eran los cultivos más abundantes, y el trigo y la cebada los cereales que desde la Edad Media más proliferaban, aunque no se puede precisar el número de yugadas cultivadas.
En la vega el cultivo del cereal y frutales se alternaban con los prados. En las huertas próximas al pueblo (Hortales, Huertos del Arial, Requijadas...) las hortalizas eran el producto habitual.
De la fruta, la cereza debía ser la más apreciada, junto con el melocotón y la pavía, pues con ellas se obsequiaba en ocasiones señaladas.
La falta de caminos anchos a las heredades no permitía el uso de carros para el transporte de los productos agrícolas y, tanto para este menester como para la labranza, el mulo y el asno eran los animales dominantes, sin excluir algún caballo. La existencia de un boalar (dula de bueyes) por Carralaplaza hace presumible la existencia de vacunos.
Labores en Armantes
El abono de las tierras, a falta de productos químicos, el estiércol de corral y cuadra era el único aporte que el labrador daba a sus tierras; este aporte, unido al sistema de barbecho y al de alternar cultivos, mantenía el suelo en perfectas condiciones de producir sin miedo a desequilibrar su composición orgánica, química o mineral.
Otro medio de obtener estiércol consistía en recoger el fiemo de las calles. Para ello, cada vecino tenía derecho a recoger el de su frontera (de ahí la costumbre de barrer la calle, no por obligación sino por el beneficio obtenido), y en aquellas calles o plazas donde no se ejercía este derecho, o no había vecinos suficientes, el concejo arrendaba estos fiemos. También arrendaba los fiemos de los caminos que salían del pueblo: de la puerta del Arial y Camarona, de la Plaza, de la puerta de Ariza, del puente de Jalón hasta Las Muelas (San Antonio), los de Santa Catalina hasta la "olma"...). Con ello se mantenía limpio el pueblo y alrededores, y a la vez se obtenían ingresos.
El sistema de riegos, cuyo origen se remonta a los árabes, prácticamente es el mismo que ahora disfrutamos, a excepción de alguna acequia que se hizo en el siglo XVII.
El riego se hacía por supuesto, por inundación, y en tiempos de escasez, se ejarbaba el agua. Había acequias que tenían un regador (zabacequias), el cual administraba el agua. Si alguien le mandaba regar le cobraba un tanto por hanegada y, si un propietario regaba sin decirle nada, debía pagarle igualmente. El regador se obligaba a pagar los daños que hiciera el agua si se salía, y a repararlos.
Así escribe Jesús...
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Jesús Blasco
Maestro de Primaria jubilado y consejero del Centro de Estudios Bilbilitanos. Autor de varios libros, ha participado en encuentros y simposios convocados por el CEB siempre con temas relacionados con la historia local.

