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El rincón de Jesús Blasco

El caserío de Montenuevo

18 de octubre de 2026

Hoy desaparecido, constaba de varias edificaciones alrededor de una luna o patio cerrado con tapial, al que se accedía por un portalón. Al patio daban cuatro viviendas: la de los ingenieros, donde vivía uno de los guardas (Pablo Gavín); otra grande con cuadras donde vivía el otro guarda (Andrés Gracia); y dos pequeñas para los pastores. Había, también, unos lagares, corrales, un horno y un almacén.

La finca principal, de unas 400 hectáreas, perteneció (posiblemente procedente de Bienes Nacionales) a don Vicente Florén, de Ateca, casado con doña Josefa Villalvilla. Comprendía la vaguada de frente a la casa y sus vertientes hasta el cerro Gordo, más las laderas hacia la casa de Garcés, hoy conocida como Casa Quemada.

El desaparecido caserío de Montenuevo

En 1881 don Vicente Florén solicitó permiso para construir en ella una granja o caserío rural. En 1886 había construido las casas, corrales, pajares, etc. y, queriendo pasar su cultivo a viña, solicitó del ayuntamiento se le reconociera como colonia para acogerse a los beneficios de la Ley de 2 de junio de 1868, siendo declarada como tal en agosto de 1888. A la muerte de Vicente Florén pasó la propiedad a su viuda, Josefa Villalvilla y, de ella, al hijo de ambos Vicente Florén Villalvilla.

De la importancia de la finca da fe el hecho de tener guardia propio, un tal Cavila, que dio nombre a una pequeña casa cuyas ruinas se encuentran al dar vistas al corral de la Confederación subiendo por el camino de la Hoya Salvo, y que le servía de refugio o vivienda. (parece ser que esta casa se quemó en el incendio de 1948).

En 1904, siendo aún propietaria doña Josefa, fue objeto de un pleito con el ayuntamiento al tener descubiertos en el impuesto de Consumos y pretender la propietaria estar exenta por gozar de los privilegios de “colonia agrícola”.

Ruinas de la casa de Cavila

Con motivo de la restauración forestal del barranco de las Torcas, inició la Confederación Hidrográfica del Ebro sus actuaciones en Ateca comprando la finca a su nuevo propietario, Vicente Florén Villalvilla, poniendo al año siguiente al guarda don Andrés Gracia que ocupó una de las viviendas.

El caserío estuvo habitado hasta la década de 1960 y tras muchos años abandonada y víctima de vandalismos y saqueos, la Confederación optó por derruirla para evitar peligros dejando tan solamente el almacén como refugio, y el palomar que, según informes orales, se lo reservó para sí en la venta el Sr. Florén Villalvilla (en la actualidad lo ha rehabilitado el ayuntamiento, pero ignoro las circunstancias).

Así escribe Jesús...

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Jesús Blasco

Jesús Blasco

Maestro de Primaria jubilado y consejero del Centro de Estudios Bilbilitanos. Autor de varios libros, ha participado en encuentros y simposios convocados por el CEB siempre con temas relacionados con la historia local.